La guerra olvidada: otoño de 2017

En el foro de burbuja.info alguien preguntaba cómo iba la guerra y cuál era la situación. como hace mucho que no escribo nada, creo que mis lectores se merecen que me ponga a ello y les informe de cuál es la situación actual de esta guerra silenciada y el panorama estratégico general del enfrentamiento entre USA y sus vasallos tributarios y Rusia.

¿Alguien me puede decir cómo va la guerra o hacerme un pequeño resumen?. Tengo la sensación de que la cosa se está enfriando y en la línea del frente ya se están creando los límites de dos países ¿puede ser?

Más bien al revés. La guerra, siempre dentro de una guerra de posiciones estática en la que se limitan a cañonear y disparar de una trinchera a otra, es más intensa que el año pasado. Hay treguas cuando se hace una rotación o relevo de las unidades ucranianas desgastadas por el combate.

Este año lo importante es que han estallado un par de polvorines ucranianos y ya no les debe quedar munición para más que un año de guerra. De hecho han recibido algunos suministros de países del antiguo Pacto de Varsovia, sobre todo cartuchería, algunos miles de fusiles, lanzacohetes RPG y su munición, bombas de mortero, que pueden dispararse desde los tubos soviéticos… poca cosa y que no resuelve el problema de la munición de artillería, pero que contribuye a alargar la guerra.

En el plano político hubo un esbozo de cambio de régimen para toda Ucrania, plasmado en la idea de Malorusia, que de momento no pasa de proyecto, Donbass debe aspirar no sólo a la independencia si no a la liberación de toda Ucrania, o al menos de las regiones rusas bajo la bandera de Novorusia. Pero para ello habría que unificar primero Donetsk y Lugansk. Un primer paso importante ha sido el derrocamiento este mes de noviembre de Plotnisky, el corrupto, mafioso e ineficaz líder de Lugansk, y se abriga la esperanza de una unificación bajo el mando de Zakharchenko, el caudillo de Donetsk.

Este año ha sido un compás de esperar a ver si la administración Trump suponía algún cambio en la política americana. Desgraciadamente Trump es incapaz de controlar a los militares y a las facciones hostiles a Rusia, y lo único que puede hacer es dar largas a suministrar armas a Ucrania , lo que reavivaría la guerra, y en la parte negativa,  ha delegado las negociaciones en un halcón atlantista, Volcker, al que no le interesa la paz y lo único que ofrece es una capitulación “honrosa” a Rusia, suponiendo erróneamente que a Rusia no le interesa Donbass y que se retirará de Ucrania a cambio de quitar las sanciones.

USA ha dado un ultimátum a la oligarquía rusa, con plazo hasta fin de año, o se libran de Putin, o al menos ejercen influencia sobre él, o irán a por sus cuentas y activos en países occidentales. El objetivo es desestabilizar Rusia e intentar frustrar la reelección de Putin, enfrentando a la oligarquía contra éste, ya que al contar con el respaldo del pueblo ruso, es imposible intentar una revolución al estilo del Maidan en Rusia.

A Putin le interesa congelar el conflicto hasta después de su reelección en la primavera de 2018 y poder celebrar el mundial de fútbol en verano. Aparte de acabar con la guerra en Siria.

A USA y Alemania no les interesa la paz y una solución negociada a la guerra de Ucrania, porque supone admitir la derrota. A USA tampoco le vale el mal menor de un cese el fuego y un conflicto congelado, por lo que las conversaciones diplomáticas de estos últimos meses sobre un alto el fuego supervisado por tropas de paz de la ONU son sólo una farsa, que les sirve a los americanos al rechazar los rusos sus proposiciones inaceptables, para acusarlos de intransigencia y tener una excusa para prolongar la guerra.

En su informe al congreso este año, un general americano dijo que la guerra seguiría otro año más, y Volcker dice que como no hay acuerdo, la guerra continuará, lo que permite a Kiev zafarse de los acuerdos de Minsk y de la tutela alemana y reactivar la guerra, o al menos prolongarla en su estado actual.

El problema es que el ejército ucraniano no ha logrado reponerse de su derrota catastrófica en 2014 y no ha hecho más que empeorar, al problema de la munición se le suma el de la escasez de personal, se han visto forzados a abandonar la leva en masa y de un cuarto de millón de hombres movilizados se han quedado más o menos como al principio, con cuarenta mil bayonetas en el frente, y otros tantos en retaguardia. Pero aunque mejor instruidos y pertrechados en algunos aspectos, en general, están peor, han perdido la aviación y centenares de tanques, cañones y blindados, y la moral está por los suelos.

La ofensiva no es una opción para Ucrania, si no pudieron vencer en 2014, mucho más difícil ahora romper un frente estabilizado con unas milicias mucho mejor armadas y entrenadas, a pesar del desgaste de cuatro años de guerra, sin contar con que en el peor de los casos Rusia intervendría, y no de forma limitada y encubierta como en 2014, para evitar la derrota de los novorusos.

Poroshenko es consciente de esto, no puede hacer la paz ni tampoco ganar la guerra. La única salida, como ha expuesto algún analista ruso, y que comparto, que le queda para perpetuarse en el poder es una ofensiva que logre tomar algo de terreno, alguna clase de victoria, y sobre todo, que provoque una intervención de Rusia en la guerra lo que permita a los americanos intervenir a su vez en apoyo de Ucrania y forzar a los europeos a romper el comercio con Rusia, reduciendo Europa a un protectorado americano dependiente de los suministros de gas y petróleo americanos.

Como la victoria en la guerra es si no imposible, sí harto dudosa, y una ofensiva corre el riesgo de la derrota total y el hundimiento del frente con la contraofensiva novorusa, puede que incluso apoyada por Rusia, que podría acarrear el colapso del régimen, y la pérdida de toda Ucrania, la única posibilidad factible que le queda a Poroshenko y menos arriesgada para él y los patrones americanos es una ofensiva limitada, lo suficiente para forzar a Rusia a intervenir de forma igualmente limitada, que aunque fracase y se pierda algún terreno, unos pocos kilómetros y poblaciones antes de estabilizarse el frente de nuevo, le permita a Poroshenko y la junta ucraniana internacionalizar el conflicto y convertir la guerra civil en una guerra contra Rusia, para denunciar los acuerdos de Minsk, instaurar el estado de guerra y una dictadura militar, congelando el conflicto y recibir por fin la ansiada ayuda militar americana. El riesgo de una ofensiva, aún limitada, es que una vez roto el frente no hay ninguna otra línea defensiva hasta el Dniéper y la velocidad del avance será la de los motores de los tanques. El frente estático actual, de unos cuatrocientos kilómetros de recorrido, ya es demasiado extenso para las tropas existentes y está cogido con alfileres. Una vez roto ya no habrá frente si una guerra de maniobra de columnas, o mejor dicho, una carrera para alcanzar los puentes sobre el Dniéper y la capital en Kiev

El conflicto sigue estancado porque salir de la guerra de posiciones es muy arriesgado por las consecuencias que puede tener. Para USA y Alemania sería la derrota total, para Rusia paradójicamente, sería una victoria pírrica. Incluso en el escenario de una victoria novorusa y derrocamiento del régimen ucraniano, sin que Rusia entrara en la guerra, Rusia afrontaría la carga de la reconstrucción del nuevo estado de Novorusia sobre las cenizas de Ucrania, que sería muy pesada para una economía que dedica 20% de su presupuesto al rearme, y que precisa de una reindustrialización y reorientación de su comercio que llevará años y que se ve lastrada por las sanciones, y al mismo tiempo tiene que mantener la guerra en Siria. El rearme, a pesar de los progresos logrados, es evidente que no alcanzará siquiera los objetivos mínimos fijados para 2020. Y requerirán otros cinco años, como poco, sin contar con que se inicia una carrera de armamentos y habrá que responder a los desarrollos americanos.

Es preciso modernizar el arsenal nuclear para mantener la disuasión, pues con el avance de la técnica lo impensable se vuelve factible, hasta tentador. Hay halcones en USA que creen posible ganar una guerra nuclear, no con un apocalíptico bombardeo de ciudades, si no con un devastador ataque preventivo sobre los silos de misiles que desarme a Rusia y China, o al menos tener el potencial de lograr tal supremacía nuclear que el contrario se rinda sin lucha. De todos los objetivos del rearme este es el más completo.
En segundo lugar, la necesidad ineludible e inaplazable de reconstruir y modernizar la flota, se tardan años en construir barcos, pero si se pierden capacidades por falta de éstos, se tardan décadas en recuperarlas. No es vital para la supervivencia de Rusia, y en caso de guerra inminente con la OTAN, podría sacrificarse la construcción naval, pero es imprescindible para las metas de la política exterior de Rusia, en  Oriente Medio y en el Pacífico y el Ártico. Ser una potencia terrestre no basta.
En tercer lugar, la aviación. No parece que al menos por ahora la defensa antiaérea haya dejado obsoleto al avión, y la inferioridad en el aire es notoria, a la espera de que se inicie la producción en masa de los modelos modernos, como el anhelado Sukhoi-57 (antes PAK-FA). El único consuelo es que los aviones americanos son pocos y no podrían cubrir las pérdidas en una guerra de alta intensidad. Aparte de la aviación de combate, hay el problema de que la destrucción de la industria aeronáutica soviética ha dejado a la aviación civil dependiente de material extranjero. Una guerra con la OTAN, o un bloqueo dejaría en tierra a los aviones civiles fabricados por Airbus y Boeing por falta de repuestos, con el perjuicio para la economía, pues el transporte aéreo es un sector bastante importante.
Y en último lugar, los ejércitos profesionales y tecnificados modernos son instrumentos muy frágiles en una guerra de alta intensidad y que dure más de pocas semanas. La guerra del Yom Kippur de 1973 demostró que no es suficiente con tener miles de carros de combates y centenares de aviones de combate, si un estado no dispone de fábricas para reponer todos los días pérdidas de decenas de unidades.  Lo más escalofriante de todo es que en Moscú ya se tiene conciencia de que una guerra terrestre de gran intensidad en Ucrania es probable y que no basta con que los estados mayores hagan planes ni siquiera con que se tomen medidas de organización como recrear las divisiones y los ejércitos de choque, ni la de preparar reservistas para su movilización, es que ya hay que hacer planes para movilizar la economía para la guerra. Vean este artículo:
Y el reflejo en el bando enemigo, en el que nostros los españoles estamos a nuestro pesar, es que la OTAN ya ha hecho público los requerimientos de que se actualicen las infraestructuras y se prepare el transporte ferroviario para trasladar rápidamente tanques y otro material de guerra a la frontera con Rusia.

Si la situación de Rusia no es desesperada, sigue siendo débil, y esta debilidad económica y militar explica en gran parte la conducta en apariencia errática e indecisa del Kremlin, en Siria y en Ucrania.  Putin no es Stalin y Rusia no es la Unión Soviética, y una movilización de la economía para la guerra similar a los esfuerzos hérculeos de los planes quinquenales no es posible salvo si hay riesgo inminente de guerra. Putin y su oligarquía no sólo tienen que producir mantequilla además de cañones, si no que además tienen que tener a los rusos contentos y con dinero para hacer colas para comprar Iphones.

El problema es que nadie quiere hacerse cargo del muerto que supone Ucrania. Alemania no desea un agravamiento de la guerra y una avalancha de millones de refugiados del Oeste de Ucrania que huyan del avance del ejército ruso. USA tiene ahora el problema de mantener a su títere. Rearmar al ejército ucraniano para lograr la victoria requiere años de trabajo y un gasto enorme, muy superior al derroche en Siria. Sólo mantener a flote la economía ucraniana mediante préstamos es un coste que a duras penas se pueden permitir USA y Alemania. Si bien la victoria no es posible, USA aspira a que la guerra en Ucrania por lo menos cause más desgaste en recursos a Rusia que lo que les cuesta a ellos, por lo que poner fin a la guerra tampoco les conviene.

A menos que en Washington o Kiev se decidan a jugarse todo por el todo, y lanzar una ofensiva este invierno para arrastrar a Rusia a invernenir, la guerra de desgaste continuará a lo largo del próximo año, con agravamientos periódicos, quizá con mayor intensidad si se aprueba el envío de armas a Ucrania, que será correspondido por Rusia. Al final llegará un momento en que el régimen ucraniano se desmorone, o más probable, que su ejército lo haga. El material es destruido, se avería o se desgasta, y no puede reponerse ni la artillería ni los blindados. Las municiones se consumen y no se espera que se construyan nuevas fábricas ni una ayuda enorme por parte de la OTAN, y sobre todo, la moral tiene un límite. En algún momento los soldados se hartarán de luchar en una guerra perdida.

__________________

Nuestra causa es justa. El enemigo será detenido. La victoria será nuestra. -V.M. Molotov, 22 Junio 1941
Anuncios

7 respuestas a “La guerra olvidada: otoño de 2017

  1. Me ha llamado la atención que las previsiones de rearme ruso fueran mal, Tenia entendido que no solo los objetivos para el 2020 iban bien sino que en algunos campos estaba previsto alcanzarlo para 2018. Una Pena

    Me gusta

    • Los ejércitos siempre tratan de parecer más poderosos de lo que realmente son, hay que tomar con cautela las declaraciones oficiales, que pecan de triunfalismo. Esto es lo que decían hacen un año:

      El 22 de diciembre de 2016, Vladimir Putin evaluó positivamente el ritmo de rearme del ejército y la armada. El ministro de Defensa, Sergei Shoigu, dijo: “En general, las Fuerzas Armadas están equipadas con armas y equipos modernos en las unidades al 58.3%, y la tasa de disponilidad para el servicio es del 94%”. Por lo tanto, las principales medidas del programa de armamento estatal hasta 2020 se cumplen en el volumen establecido. ..el 42 por ciento del Ejército está equipado con armas modernas, el 66 por ciento de la Fuerza Aérea y el 47 por ciento de la Armada. “Para 2020, el porcentaje de las armas modernas del ejército debería alcanzar el 70%.”

      Ahora bien, la verdad es que la aviación el Sujoi-57 (antes conocido como PAK-FA) aún no ha empezado la producción en masa, ni la del tanque Armata ni la familia de blindados asociados, aunque esto es menos importante porque por ahora los T-72 modernizados bastan.

      Cada año que pasa es valioso, pero ahora las predicciones son para el 2025. De todas formas 2020 era una fecha optimista y para el que se prevía el mínimo. Si la guerra se hace cercana se puede contar con una aceleración del rearme. Resumiendo, la situación no es mala, pero está lejos de ser satisfactoria.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.